FICHA TÉCNICA 2011
PERSONAJES:
Irene Rojas ............................................. Enfermera y prostituta
Fernando Romero Barrios .................... Esteban
Mara Miño ............................................... Casandra
Vanesa Ribeira ....................................... Sarah
DIRECCIÓN:
Sueños .................................................. Herminia M. Dalla Massara
Escenas con diálogo ........................... Fernando D. Romero Barrios
VESTUARIO, ESCENOGRAFÍA, UTILERÍA, SONIDO E ILUMINACIÓN A CARGO DEL GRUPO.
AUTOR: Fernando D. Romero Barrios.
FRAGMENTOS DE LA OBRA
Monólogo de la prostituta:
-Me entretiene mirar el flâner, el ajetreo, el ir de un lado hacia el otro, el deambular de la gente en todas las grandes ciudades del mundo: ese ir hacia ningún lado que hoy es tan habitual. Yo me pregunto: ¿Hacia dónde va la gente? Más allá de que cada uno pueda ir hacia un lugar concreto que puede ser el trabajo, un hospital, la casa de su amado o amada, su hogar: ¿Adónde va realmente? Si supieran adonde van. Pobrecitos. Todos terminan yendo al mismo sitio en definitiva. Todos terminan siendo mis clientes. Pagan caro mis servicios, pero soy muy buena en lo que hago: Soy reservada, silenciosa, imprevisible. La sorpresa es mi punto fuerte. Estoy esperando siempre a la vuelta de cualquier esquina, así haga frío, llueva, nieve o se me escalde el cuerpo por las altas temperaturas. No pregunto edad, sexo, religión, condición social, raza y ni siquiera especie. No discrimino para nada. Se podría decir que soy universal. (...) Muchos me hacen mala fama, pero no hablan de mí realmente. Yo no tengo ninguna relación con el dolor. Esto quiero dejarlo claro: soy el fin del dolor. No entiendo entonces por qué la mayoría me teme. Muchos me buscan por temeridad y arrojo, otros por cobardía. Pocos son los que me esperan plácida y serenamente como si tuviéramos una cita acordada desde hace mucho tiempo, como dos enamorados. Algunos me llaman con desesperación y luego me agradecen. No lo pueden decir, obvio: a esa altura ya los dejé mudos con mi beso. Pero lo veo en sus ojos. (...) No me pregunten por favor qué pasa después. De eso yo no sé nada y no me gusta hablar de lo que no sé. Recurran a la religión para eso, a cualquiera: todas tienen algún consuelo y alguna condena o un paraíso y un infierno. Cada uno es libre de elegir la que le viene bien a su medida o la que simplemente le tocó en suerte. Y los que no tienen religión, los ateos, los escépticos, sólo pueden contentarse con haber vivido una buena vida, los menos, y una vida no tan mala, los más. No tienen más que ese consuelo. (...) Qué ajetreo, qué deambular sin sentido. ¡Corran! ¡Vamos! ¡Apúrense! ¡Corran hacia su felicidad! ¡Seres de un día! ¡No se dan cuenta que la sombra de un sueño es el hombre! (...) Parece que está refrescando. Es hora de trabajar. Nunca tengo descanso. Me duelen los huesos, soy muy vieja ya. En fin, vamos a ver qué dicen mis dados...